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Archive for the ‘Comunicación y ensayo’ Category

Ébano

Ébano

Este hermoso cuaderno de viajes, que Kapuściński redacta con un estilo que cabalga entre la objetividad del periodismo aventurero (en el mejor sentido de la palabra) y la subjetividad de la fabulación narrativa, se impone con la simplicidad y la belleza que requieren el lector que busca informarse y el que busca disfrutar. Todos, de alguna manera, llevamos dentro a esos dos lectores, a veces sin saberlo. Yo no era consciente de buscar nada en concreto cuando empecé a leer este libro, del que he disfrutado enormemente, y que me ha permitido, como lega absoluta que soy respecto de la cuestión africana (si es que tal cosa existe), sentar unas bases que puedan permitirme ahondar más en ella y entender mejor, y con un mínimo de criterio, lo que sobre ella se dice (o, sobre todo, se deja de decir). Soy consciente de mi vulnerabilidad: no es difícil meterse en bolsillo a un lectorado, abierto y con criterio, pero ignorante de una cuestión, cuando el redactor es un conocedor fuerte, obstinado, constante, apasionado, inteligente y sensible (¡claro que eso ya es más difícil!). Y, sin embrago, digamos, aunque suene a comecocos, que comprendo algo mejor que (y por qué) de este continente no comprendemos casi nada.

En este cuaderno hay historias pequeñas y grandes. Comenzamos a leer un capítulo (o la sección de un capítulo) y, de pronto, hemos visto cómo las pequeñas historias del hambre han terminado influyendo decisivamente en las grandes historias de la sangre. Sentimos entonces la tentación de buscarle alguna salida a ese círculo vicioso que contemplamos con fascinación y espanto desde una lejanía que no debiera ser tal. Y, en cierto modo, caemos en ella (aunque este libro nos ha hecho justamente más conscientes del peligro de las ideas felices).

África no existe, dice el autor en el prólogo. En ese sentido, Europa tampoco existe. Sin embargo, este es un viaje en el que le damos la mano a un europeo para que nos guíe por entre los (algunos) africanos, por aquellas tierras suyas que por momentos arbitrarios han sido de otros. Por sus risas sonoras y su letargo, por sus familias y sus clanes, por sus ríos y sus selvas, por sus antepasados y sus niños, por sus espíritus y las sombreas de sus árboles… Y he de decir que a mí me ha dado pena que se terminara el viaje.

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